Cada
actividad práctica tiene su teoría, sin la cual no
puede funcionar. El derecho tiene la suya: se llama filosofía
del derecho y tiene que ver con la ética, la estructura de
las normas y la lógica.
Esta disciplina se cultiva en todo el mundo, pero la Argentina se
ha convertido en uno de los más prestigiosos centros en la
materia desde la segunda mitad del siglo XX. Conviven aquí
distintas orientaciones, entre las que ha acabado por entablarse
un debate fecundo.
Una de ellas, la más tradicional, sostiene que algunas normas
morales están por encima de las leyes, por lo que constituyen
un derecho natural. Buena parte de sus cultores provienen del campo
de la religión, pero desde hace veinte o treinta años
se ha desarrollado otra variante, laica, que busca el fundamento
del derecho en los principios humanitarios y democráticos.
Otra vertiente,
llamada positivista, postula que el derecho proviene de las leyes
del Estado y puede tener literalmente cualquier contenido. Si lo
encontramos injusto podemos criticarlo, censurarlo, desobedecerlo
y hasta combatirlo, pero no negar su condición jurídica
Los realistas conciben el derecho como un hecho, que consiste en
la conducta de los ciudadanos, o en la de los jueces, o en la de
otros órganos del poder. Los trialistas, a su vez, sostienen
que el fenómeno jurídico tiene tres dimensiones: la
de los hechos, donde importan las conductas, la normativa, que depende
de las leyes, y la de los valores, desde donde el derecho puede
juzgarse justo o injusto.
Hay una teoría crítica, que encara el derecho como
un constante juego del poder de unos sobre otros con la ayuda de
argumentos y símbolos, y un enfoque economicista, que reclama
organizar el sistema normativo de acuerdo con criterios de eficiencia
y según un cálculo de costos y beneficios.
En esta rica diversidad cada uno pretende, a su modo, explicar eso
que llamamos derecho y proponer pautas para describirlo, comprenderlo,
encauzarlo y mejorarlo. En la Universidad de Buenos Aires, donde
bien se conoce la importancia de este debate, todos los puntos de
vista son minuciosamente expuestos y discutidos. Se trata de una
apuesta al porvenir inmediato, porque de ese libre intercambio de
ideas tendrá que nacer una renovación del pensamiento
jurídico capaz de brindar un sistema legal más claro
y confiable para todos. |